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28 de agosto de 2013 | | | | | |

Una cultura de fuerza, solidaridad y autonomía

También en Europa, las jóvenes feministas se organizan para luchar contra el neoliberalismo

En el marco del segundo día de actividades del Encuentro Internacional de la Marcha Mundial de las Mujeres (MMM) que se está desarrollando en San Pablo, Brasil, tuvo lugar la conferencia llamada “La Marcha Mundial de las Mujeres como movimiento imprescindible”, realizada en el Memorial de América Latina.

La actividad contó con la participación de seis mujeres de Quebec, Portugal, Bangladesh, Francia, Malí y Brasil, que debatieron acerca de la MMM como fuerza en la lucha de las mujeres de todo el mundo contra todas las formas de sexismo, racismo y autoritarismo. Clara Carbunar, de Francia, habló de la situación del movimiento de jóvenes feministas en Europa.

Hace tres años que se organizan campamentos de jóvenes feministas para reflexionar acerca de nuevas formas de avanzar, de reflexionar y de resistir juntas. Si bien Clara dijo estar sorprendida por la presencia de mujeres jóvenes en el movimiento de la MMM en Brasil, también reconoció que en Europa, que tiene una población envejecida, las problemáticas son diferentes y las relaciones intergeneracionales son, en ocasiones, conflictivas, pero a la vez ricas en aprendizajes y cuestionamientos personales y colectivos.

Hoy, a pesar de su estatus de antigua potencia colonial e imperialista, Europa ya no escapa a los ataques de los mercados financieros, del capitalismo neoliberal, destructivo y antidemocrático. El modelo socialdemócrata que, lejos de ser perfecto, había garantizado un nivel de vida sustentable para la población en términos de redistribución de la riqueza a través de impuestos, sistemas de salud o educación, hoy agoniza frente a la creciente privatización de los servicios públicos, la desaparición de los derechos sociales y el aumento de la desigualdad.

Las dos Europas

Clara hizo una distinción entre la Europa Occidental, donde los movimientos sociales y, en particular, el feminismo se construyeron sobre la base de luchas llevadas a cabo desde hace casi cuarenta años, o quizá más; y Europa del Este, que tras la caída del bloque soviético en los años 90 sufrió los horrores del capitalismo “disfrazado de democracia” y debe iniciar nuevas luchas sin movimientos organizados e institucionalizados. La puesta en común de las luchas de las “dos Europas” es un desafío importante para el futuro de las movilizaciones feministas.

A continuación, Clara habló de las dificultades a las que se enfrentan los jóvenes, en particular las jóvenes en Europa, como la creciente precarización de su estatus de estudiantes, de trabajadoras o inmigrantes, que implica un menor acceso a la educación, al trabajo formal, a la asistencia de salud, al respeto de sus competencias y de su cuerpo.

La explotación, el acoso moral y sexual, la hipersexualización del cuerpo, la exclusión del ámbito político, el racismo, la homofobia son formas de discriminación contra las que deben luchar. Los derechos, que creían haber ganado, como el derecho al aborto, siguen estando amenazados en determinados países europeos.

Otro aspecto importante que menciona Clara es que actualmente los movimientos sociales en Europa ya no luchan por adquirir nuevos derechos, sino por mantener los derechos de los que gozaban sus padres, y que hoy, más que nunca, se ven amenazados.

“Al igual que las mujeres negras, las mujeres indígenas, las lesbianas aportaron tanto al feminismo en un determinado momento, tanto desde la teoría como desde la práctica, debemos hablar de nuestras realidades, de nuestros análisis y de las prácticas que surgen de ellos”, afirmó Clara.

Marcha y acampe

Los campamentos de jóvenes feministas en Europa se organizan desde hace tres años (en Francia en 2011; en Rumania en 2012; y este año en Portugal) para realizar una reflexión política de las nuevas formas de solidaridad y resistencia necesarias para hacer frente a los ataques del neoliberalismo.

Este movimiento se organiza en torno a tres principios: tomarse el tiempo de conocer y construir una convivencia sobre la base del respeto a los demás y a la naturaleza, la diversidad y la autogestión. Los campamentos de jóvenes feministas de Europa han contribuido a cambiar las vidas de las militantes, han hecho un “clic” en su feminismo: algunas han reanudado sus estudios, otras cambiaron de trabajo, salieron de la violencia de su pareja, asumieron su homosexualidad o reforzaron sus luchas locales.

La tensión entre la emancipación de cada una de ellas y la eficacia de la lucha común puede resolverse sobre la base de una cultura “de fuerza, solidaridad y autonomía”. Frente a la violencia política y militar, que determinados pueblos como Turquía o Grecia han sufrido recientemente, hoy en día es fundamental multiplicar las luchas contra la atomización de los movimientos sociales, su criminalización, las culturas de misoginia y violación, y avanzar juntas sobre la base de una verdadera “utopía feminista”, para que esta no sea un sueño, sino un avance concreto para las mujeres de Europa y el mundo.

Foto: Radio Mundo Real

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