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15 de diciembre de 2009 | |

Fragilidad de cemento

Cementeras españolas acumulan créditos de carbono a partir de sus filiales en Uruguay. El caso de Cementos Artigas

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A pesar de contar en su denominación con el nombre del líder de la independencia uruguaya a través de la Revolución Libertadora, la empresa Cementos Artigas es enteramente propiedad de cementeras españolas, quienes además de las regalarías producto de su actividad industrial también se ven beneficiadas por la transferencia de créditos de carbono.

Esto es posible a través de la aplicación de un proyecto en el marco de los Mecanismos de Desarrollo Limpio (MDL) previstos en el Protocolo de Kyoto, que en el caso de Cementos Artigas SA consiste en la sustitución de combustible fósil en su planta de la ciudad de Minas, departamento de Lavalleja, Uruguay, por la quema de biomasa, concretamente cáscara de arroz.

El proyecto de sustitución de combustible en el marco de los MDL ha sido pionero en Uruguay, sin embargo el país no logra usufructuar sus resultados al tiempo que en las inmediaciones de la cementera se han constatado problemas ambientales serios, como el caso de Contaminantes Orgánicos Persistentes y el aumento de la prevalencia de enfermedades vinculadas a dichas emisiones industriales.

Mirado el mecanismo en una perspectiva más amplia, como pretende este informe, poco puede encontrarse en él tanto de “desarrollo” como de “limpieza”.

La empresa Cementos Artigas SA (antes llamada Compañía Uruguaya de Cemento Portland, CUCPSA) tiene como principales accionistas al Grupo Cementos Molins y al Grupo Cementos Portland Valderrivas, ambos españoles.

Esta sociedad también tiene su expresión en Cementos Avellaneda, en la vecina República Argentina.

A través de su web, Cementos Molins explica que Cementos Artigas forma parte del grupo desde 1991 y que centra su actividad en la producción, molienda y comercialización de cemento portland y hormigón o “concreto”.

Su principal planta en Uruguay es una fábrica de cemento en la localidad de Minas, 150 kilómetros al noreste de Montevideo. La importante planta rompe con el paisaje de serranías que circunda a la ciudad de Minas, uno de los más hermosos del país. Precisamente es allí donde viene funcionando desde 2002 el proyecto de sustitución de combustible.

También cuenta con una molienda en el barrio Sayago de la capital uruguaya y otras cuatro plantas de producción de hormigón estratégicamente situadas.

La planta de Minas, cuenta con un horno con torre intercambiadora de gases, dedicada a la producción de clinker para la elaboración de cemento portland. Pese a que la misma viene funcionando desde hace casi un siglo, su adquisición por parte de Molins motivó su reinauguración en 1997. La modernización de la planta industrial significó una inversión de 60 millones de dólares.

Hoy la fábrica produce 500.000 toneladas anuales de cemento portland y la inversión actualizada de la empresa supera los 110 millones de dólares.

La empresa insiste en destacar sus “logros” medioambientales como parte de su marketing institucional, al subrayar que dicha planta fue la primera en ser aprobada por parte del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente (MVOTMA) de Uruguay al entrar en vigencia la Ley de Impacto Ambiental.

La aplicación del proyecto MDL en Cementos Artigas SA le permitió, como se verá a continuación, no solamente abatir el nivel de emisiones de gases de efecto invernadero y por tanto computar bonos de carbono a favor de sus matrices españolas, sino… literalmente salvar a la empresa de una fractura en un período de caída en la actividad cementera.

El mercado de los “bonos de carbono” permite a países obligados a reducir sus emisiones a comprar reducciones a empresas u otros países que no tienen esa obligación. Y estos mecanismos también son un jusificativo para solicitar financiamiento por ejemplo ante agencias multilaterales como el Banco Mundial.

A través de este mecanismo netamente mercantil pueden encubrirse este tipo de “comercio” de bonos de carbono mediante el cual empresas de países industrializados “adquieren” a sus propias filiales en países “emergentes” créditos de carbono y eluden sus responsabilidades en sus territorios de origen.

Este es uno de los argumentos por los cuales se ha criticado fuertemente los MDL a niverl internacional al entenderlos como parte de la batería de “falsas soluciones” a la hora de encarar el dramático problema del cambio climático que ha perneado a la comunidad internacional en los últimos años.

En el caso de Cementos Artigas SA, mediante la sustitución parcial de combustible fósil por cáscara de arroz se reducen unas 10.000 toneladas anuales de gases de efecto invernadero. En declaraciones a la agencia informativa gala AFP el encargado del proyecto de Cementos Artigas, Federico Gutiérrez, explicó que las reducciones de emisiones son “transferidas a nuestras matrices” en España, las cementeras Molins y Valderrivas.

Las reducciones de emisiones se cotizan de 12 a 20 euros la tonelada.

De ahí que no sorprenda la diferencia de empeño que ha empleado Cementos Artigas SA respecto a la emisión de gases de efecto invernadero y en la contaminación a la zona circundante de su planta minuana.

Una investigación publicada en abril de 2005 y coordinada a nivel internacional por la Red para la Eliminación de Contaminantes Orgánicos Persistentes (IPEN, por su sigla en inglés) y Arnika Association (organización de la República Checa), constató la presencia de contaminantes orgánicos persistentes (COP) en muestras recolectadas en la ciudad de Minas. El trabajo (ejecutado en Uruguay por la Red de Acción en Plaguicidas y sus Alternativas para América Latina -RAPAL- y REDES - Amigos de la Tierra Uruguay) detectó en esa ciudad la presencia de bifenilos policlorados y dioxinas en niveles que duplican los parámetros que maneja la Unión Europea (UE) para este tipo de sustancias .

Uruguay ratificó el Convenio de Estocolmo (en el marco de Naciones Unidas), que entró en vigor en mayo de 2004 y tiene como principal objetivo eliminar los COP. Las sustancias tóxicas medidas en el estudio son algunas de las mencionadas bajo objetivos de reducción y eliminación en ese Convenio. El país tiene entonces el compromiso de llevar adelante todas las acciones necesarias para alcanzar esos logros.

Para tener seguridad al respecto son necesarios estudios en profundidad en el lugar que no han sido realizados por el gobierno de acuerdo a la información que manejamos.

En 2004 habían tomado estado público en la ciudad de Minas una cantidad significativa de casos de hipertiroidismo y otros graves problemas de salud. La investigación divulgada un año después alertó que en los países en desarrollo y en aquellos con economías en transición es necesario, en general, realizar un mejor monitoreo de las operaciones de los hornos de cemento, como potenciales fuentes de COP.

Ni “desarrollo”, ni “limpio”, los mecanismos dispuestos en el caso de la empresa cementera de propiedad española ofrecen argumentos que permiten dudar de la efectividad de los mismos de cara a abatir el efecto invernadero y el cambio climático.

Imagen: http://www.geaconsultores.com

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