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15 de diciembre de 2009 | |

Los MDL en Uruguay: el caso de Botnia

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La empresa Botnia, perteneciente a capitales de Finlandia, fue fundada en 1973, y tiene cuatro plantas de celulosa en ese país. Es la segunda productora mundial de pasta de celulosa, y en América del Sur sólo está presente en Uruguay. Pertenece a la cooperativa forestal finlandesa Metsäliitto y a las papeleras M-Real Oyj y UPM-Kymmene Oyj.

Hasta julio de 2009, esas tres empresas eran dueñas de Forestal Oriental (FOSA), de las mayores propietarias de plantaciones forestales en Uruguay, pero luego de una operación financiera UPM pasó a tener la totalidad de sus acciones y el 91 por ciento de la planta en Uruguay, en la ciudad de Fray Bentos.

Entre enero y marzo de 2009 las ventas de Botnia en Uruguay fueron por 302,8 millones de euros, mientras que en el mismo período de 2008 habían sido por 397,9 millones. En esos períodos la inversión cayó de 23,3 a 10,2 millones de euros. La empresa justificó la caída de los beneficios por el debilitamiento de la situación del mercado y el precio de la pasta.

En marzo de ese año, Botnia informó que la Corporación Financiera Internacional, del Banco Mundial, publicó los resultados del monitoreo ambiental del primer año de funcionamiento de la planta de Fray Bentos, un tema que provocó un conflicto diplomático entre Argentina y Uruguay.

El estudio de EcoMetrix señala que las operaciones de la planta “satisfacen las estrictas normas medioambientales”, y que las emisiones y los efluentes también estuvieron por debajo de los niveles establecidos por las autoridades uruguayas. La puesta en funcionamiento de la planta no ha afectado la calidad del agua del río Uruguay ni la calidad del aire de la región, según el informe.

Pero esta situación tiene su telón de fondo. Forestal Oriental es uno de los tres mayores propietarios de plantaciones forestales en Uruguay. Un dossier de REDES – Amigos de la Tierra Uruguay reveló en mayo de 2008 que esa empresa producía un millón de metros cúbicos de madera. La industria construida sobre el río Uruguay es la más grande con la que cuenta Botnia, que en 2006 produjo dos millones y medio de toneladas de celulosa, mientras que este nuevo enclave le reporta otro millón de toneladas.

La inversión de Botnia en Uruguay fue de 1100 millones de dólares y la empresa esperaba recuperar ese monto en menos de tres años sólo con las ganancias de la producción de pasta de celulosa, es decir sin contar la venta de energía al Estado uruguayo.

Esto último implica generar, a partir de biomasa, un excedente de electricidad de 33 megavatios. Para eso utiliza licor negro surgido del proceso de elaboración de pasta de celulosa, con el fin de producir vapor y electricidad en la caldera de recuperación. La planta fue diseñada para generar esa electricidad, lo cual la diferencia de una fábrica convencional, y puede transferirla a la red energética nacional y, en parte, a la planta de químicos de Kemira, una empresa ubicada en su adyacencia.

El MDL, entonces, fue parte integral de la preparación del proyecto celulósico de Botnia, y se tuvo en cuenta ya a fines de 2004, cuando todavía estaba en su etapa de planificación. La empresa finlandesa llevó a cabo estudios de MDL entre noviembre y diciembre de 2004, para clarificar las posibilidades de utilizar el financiamiento derivado del carbono como una manera de aumentar los ingresos de la venta de electricidad.

La inversión se concretó en marzo de 2005, cuando el directorio de Botnia avaló el MDL como un importante medio financiero, según consta en las actas de dicha reunión. El proyecto MDL, para Botnia, reduciría las emisiones de gases de efecto invernadero con la sustitución parcial de los combustibles fósiles por un combustible renovable, en este caso la biomasa, aunque luego quedaría claro que sin los incentivos adicionales del MDL este proyecto no sería factible.

Otros posibles beneficios del MDL identificados por Botnia son el factor financiero por la venta de certificados; constituirse en el primer actor independiente en generar electricidad en Uruguay y la contribución a la seguridad energética nacional. De acuerdo al Diseño del Proyecto, la aplicación de MDL sólo tiene impactos ambientales positivos, un tema que ha marcado a fuego la historia del emprendimiento en Fray Bentos.

Allí los efluentes y desechos son procesados en una planta de tratamiento biológico que no provoca efectos negativos sobre los organismos que habitan en el río; para mitigar los impactos de los residuos sólidos el proyecto tiene su propio vertedero; y la calidad de las emisiones aéreas se mantiene en niveles adecuados para áreas protegidas en la UE.

Las emisiones olorosas, siempre según la empresa, están por debajo de los niveles exigidos, aunque la concentración de sustancias puede aumentar a niveles detectables sin que eso afecte la salud de la población. En la etapa de construcción se esperaba cierta ocurrencia de emisiones de polvo, y cabe decir que varios trabajadores sufrieron molestias de salud por emanaciones aéreas de la planta.

El formulario también hace referencia al aumento del ruido y el tráfico durante la etapa de construcción de la planta; y a la alteración del paisaje, tanto por el vapor de las chimeneas como por los camiones transportando madera.

En noviembre de 2006 el gobierno uruguayo autorizó a Botnia a sacar el doble de agua de lo pactado del río Uruguay, y algunos meses antes la Universidad de la República alertó que la operativa provocaría un “impacto muy fuerte” sobre ese río.

Nadie niega que los monocultivos forestales impactan sobre las fuentes hídricas: pueden verse campos vacíos, donde abundan las plagas, y suelos desertificados, sobre todo en la región centro-oeste del país. Los productores de esa zona testimonian que a partir de 1995 los pozos, cañadas y bañados se han comenzado a secar. Es posible constatar, además, que pozos de agua que abastecían a la población hoy están secos.

Es el caso de la ciudad de Mercedes, donde unas 200 familias son asistidas con agua por camiones cisterna. Un productor lechero de allí, Washington Lockhart, contó que este fenómeno provocó la emigración y el despoblamiento del campo. “Estas grandes empresas forestales compran los campos y lo primero que hacen es tirar las casas. Y esto quita totalmente la posibilidad de vivir de la gente”, agregó.

En síntesis, los monocultivos forestales y de soja han generado un fuerte impacto sobre el ecosistema de pradera, base de la agricultura y la alimentación del país. Eso va de la mano del proceso de concentración y extranjerización de la tierra: hoy más de la mitad del área forestada en Uruguay es propiedad de unas pocas corporaciones transnacionales, como Weyerhaeuser de Estados Unidos, la sueco-finlandesa Stora Enso, Arauco de Chile y la propia Botnia.

La empresa española ENCE, con tierras y plantaciones en Uruguay, le vendió en mayo de 2009 sus operaciones en Uruguay a Stora Enso y Arauco por 344 millones de dólares. La transacción originó el latifundio más grande en la historia de Uruguay: 250 000 hectáreas de tierra en manos de dos empresas.
Con las inversiones de Stora Enso y la portuguesa Portucel, Uruguay estaría llegando a las tres millones de hectáreas forestadas. Si con un millón de hectáreas las consecuencias son notorias, no hacen falta demasiados cálculos para estimar lo que sucedería con el triple. La magnitud del problema ha sido reconocida por autoridades del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, que han planteado la necesidad de aplicar medidas para frenar el proceso.

Es que la instalación de la planta de celulosa de Botnia cambió para siempre el modelo productivo uruguayo y de la región. Por un lado, consolidó la actividad forestal, y en paralelo hirió de muerte la posibilidad de alcanzar la soberanía alimentaria.

La lechería, con dificultades para acceder al agua, y la apicultura (afectada por los agrotóxicos) son dos de los sectores más afectados por estos “desiertos verdes”, que sólo pueden convivir con el modelo del agronegocio.

El panorama tiende a ser complejo y desolador: deuda ecológica y social; ganancias de la empresa; precarización y explotación laboral, y uso intensivo de agrotóxicos con impactos sobre la salud de los trabajadores y la población.

Hasta ahora, varios estudios señalan que las expectativas en cuanto a la creación de empleos que generaría Botnia no han sido colmadas, mientras que los objetivos marcados sobre el MDL están lejos de cumplir con las promesas y ya se confirman los temores previos sobre su eficacia.

Sobre este último punto, Gerardo Honty, del Centro Uruguayo de Tecnologías Apropiadas (CEUTA), advirtió por las debilidades del mecanismo. “En el caso del proyecto MDL de Botnia -explica Honty- la suposición para la elaboración de la línea de base fue que todas las nuevas incorporaciones para generar electricidad en Uruguay serían en base a combustibles fósiles”.

Sin embargo, tal cual lo apunta el investigador, a poco de haber sido aprobado el MDL de Botnia, el Ministerio de Industria, Energía y Minería de Uruguay presentó su plan de incorporación de 500 megavatios a partir de fuentes renovables para el año 2015: eólica, mini-hidráulica y biomasa, que representarían un 25 por ciento de la capacidad instalada en el país.

Resulta bastante claro, para Honty, que es dudoso que el proyecto aprobado a Botnia vaya a reducir efectivamente todas las emisiones previstas”, y explica que el “otro gran equívoco” del MDL de la empresa Botnia es suponer que "en ausencia del proyecto" (es decir si no contara con la financiación suplementaria que otorgará la venta de certificados de carbono) la planta hubiera tenido una caldera "convencional" menos eficiente.

Analizando los datos de la evaluación económica y financiera del proyecto, la diferencia entre aplicar la nueva tecnología y la "convencional" representa, según el investigador, un beneficio neto para la empresa de aproximadamente 15 millones de dólares, sin que eso represente ninguna reducción de emisiones adicional a la que se hubiera dado en ausencia del proyecto.

Foto: http://www.elrevolucionario.org/

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