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7 de febrero de 2013 | | | | |

Polochic: “nos quitan de lo que vivimos”

A dos años de la masacre que expulsó a 700 familias campesinas en Valle del Polochic (Guatemala): incumplimiento oficial, hambre y resistencia

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El violento desalojo en el Valle del Polochic, en Guatemala, de 700 familias campesinas indígenas mayas para beneficio de la industria del etanol, ocurrido en marzo de 2011, es revivido en estos testimonios recogidos por la periodista sueca Lina Karlsson, de la organización Solidaridad Suecia-América Latina (SAL). ¿Cómo han vivido desde entonces las familias desalojadas? ¿Quiénes se beneficiaron de la violencia de Estado y de la fuerza ordenada por el presidente Álvaro Colon?

Europa es el tercer mayor consumidor mundial de etanol. Los agrocombustibles están de moda en ese continente, sobre todo por el objetivo de la Unión Europea (UE) de aumentar el uso de lo que denominan “energías renovables”.

Guatemala produce caña de azúcar y aceite de palma que son utilizados para la producción de etanol y biodiesel, que se mezcla con las gasolinas para alimentar a los carros en Europa y Estados Unidos.

La periodista Lina Karlsson, integrante del equipo de SAL, visitó el Valle del Polochic para conocer las causas y consecuencias del desalojo acaecido en 2011 cuando las viviendas precarias y cultivos de alimento diario de muchas familias campesinas fueron quemados, arrasados, para permitir a la empresa Chabil Utzaj el cultivo extensivo de caña, materia prima del etanol.

Radio Mundo Real ofrece una producción en base a los testimonios allí recabados y la visión de la comunicadora sueca.

El frijol de Cecilia

En la comunidad “8 de Agosto” viven 125 de las familias desalojadas en hogares temporales. El gobierno se ha comprometido a dar tierra a 300 familias afectadas por los desalojos; sin embargo, a pesar de la presión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, todavía no ha cumplido su promesa.

Cecilia Rax Yat es una de las pobladoras de esa comunidad. Ella estaba en su casa en el pueblo KeQuinich con sus cinco hijos y su esposo cuando la policía, los militares y los guardias de seguridad llegaron.

“Soy una mujer campesina trabajadora. Yo vivo por el maíz y el frijol, pero eso no les importó”, nos dice Cecilia.

“Cortaron los cultivos, todo lo que la madre naturaleza nos había dado de comer. Nos amenazaron cuando llegaron, así que decidimos salir de la casa. Nos dejaron en la calle sin importar la salud o la alimentación de mis hijos, ¿qué voy a darles de comer?”, se pregunta.

Al final del desalojo quemaron la casa de la familia de Cecilia. “ Todas nuestras ropas fueron quemadas”, agrega en su lengua maya. Cecilia transmite la angustia por que el gobierno todavía no ha cumplido su promesa de dar a los habitantes de Polochic acceso a la tierra.

Desde el siglo XIX

Para entender el conflicto de tierra en Polochic hay que remontarse a finales del siglo XIX cuando Guatemala se abrió a la inversión extranjera. Los alemanes vinieron al valle de Polochic, una zona ya poblada, y establecieron fincas cafetaleras. Muchos de los habitantes de Polochic comenzaron a trabajar en las plantaciones, mientras que otros se tomaron tierras.

Muchos de los dueños de las fincas cafetaleras al final vendieron sus tierras, entre otros, a la empresa de caña de azúcar Chabil Utzaj que entonces era propiedad de la familia Widmann de Guatemala.

Los desalojos se iniciaron cuando el Grupo Pellas, la familia y empresa más poderosa de Nicaragua, compró la compañía en el año 2011. Chabil Utzaj argumenta que se realizaron los desalojos porque la tierra estaba ocupada y que "era imposible llegar a una solución a través del diálogo".

Durante el desalojo, que duró seis días, asesinaron a un campesino y varios fueron heridos. Más tarde en el año ocurrieron más ataques y otros dos campesinos fueron asesinados. En total alrededor de 700 familias tuvieron que abandonar sus hogares.

La mayoría también perdieron todas sus cosechas. Para los campesinos, que viven principalmente de lo que ellos mismos siembran, la pérdida de la tierra y los cultivos fue fatal. En 2011 también hubo crisis de hambre en el país. Incluso hoy en día la población está sufriendo las consecuencias del desplazamiento forzado.

Solamente el jefe de policía local fue responsabilizado por los hechos, aunque ya ha recuperado su libertad. La fuerza de choque que expulsó por la fuerza a las familias estuvo conformada por policías, militares y la propia guardia de seguridad de la empresa.

Negocio floreciente

Sin embargo, esto es visto desde la Unión Europea como una oportunidad de nuevos y más rentables negocios.

A principios de diciembre de 2012, el Parlamento de la UE aprobó acuerdos de libre comercio con América Central, Colombia y Perú. Todos los miembros de la UE tienen que ratificar los acuerdos, pero la parte comercial de los mismos entró en vigor después de la decisión de aprobarlos.

El acuerdo significa la eliminación de los aranceles a productos como el aceite de palma y la caña de azúcar, los cuales son utilizados para la producción de etanol.

Las exportaciones de etanol de Guatemala a Europa se espera aumenten aún más. También será más fácil para las empresas europeas establecerse en Guatemala y competir con los campesinos locales.

El habitante de la comunidad Bella Flor, Samuel Q’ucur, también brindó su testimonio a la periodista de SAL, remarcando que los hijos de las familias campesinas han debido abandonar la escuela al encontrarse dispersos y emplazados en lugares distantes de centros de estudio.

Y remarcó que el gobierno guatemalteco no ha cumplido con las promesas de tierras para cultivos y víveres básicos para paliar la escasez alimentaria, en tanto las familias consiguen reiniciar sus cultivos.

“Los acuerdos de libre comercio conducen a monocultivos y al acaparamiento de tierras. No habrá tierra para cultivar alimentos para comer, como el maíz y la yuca. Los monocultivos también contaminan el agua”, dice por su parte Esteban Hermelindo Cux, del Comité de Unidad Campesina (CUC), parte de la Vía Campesina Guatemala.

“¿Cómo van a poder escapar de la pobreza si se les ha quitado la tierra, y con ello la capacidad y posibilidad de alimentarse a ellos mismos, sus familias y comunidades? Yo no creo que estamos hablando de desarrollo. ¿Qué tipo de desarrollo? Nos quitan nuestra tierra, de lo que vivimos”, dice Esteban.

Para Esteban la lucha de los ex pobladores del Polochic continuará hasta la recuperación de las tierras y la expulsión de la empresa. Sabe que para ello será necesaria mucha resistencia y descuenta la reacción violenta y muchas veces mortal de privados y gobernantes.

El dirigente campesino observa las plantaciones de caña de azúcar que rodean las casas en el 8 de agosto: “aquí podrían haber cultivado maíz”, dice.

Producción y fotografías de de Lina Karlsson (Solidaridad Suecia América Latina, SAL); adaptación radial de Radio Mundo Real.

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